PARÍS…en seis días

Del 6 al 11 de mayo de 2009

 

“Como la amistad de Roldán y Oliveros es nuestro vínculo,
  las once andariegas por estos senderos.” 

 Roldán llamó a su tierra dulce Francia (verso 1985)
            Y en el v 1695 dice Roldán: Francia dulce y bella. Estos versos están entresacados de
La Canción de Roldán. El poema épico francés hay que situarlo en torno al siglo XI.
            Yo, hoy, siglo XXI, llamo a Francia dulce y bella y a París su corazón palpitante.

 

 París es arte, es vida, es luz, es color. En avión, en barco, en metro, andando, París siempre es la hermosa. El Sena se columpia entre la belleza de sus edificios y el verde radiante de sus jardines y bosques.
París se llena de luz entre el cielo y la tierra.
París se viste de gala con miles de banderas el 8 de mayo, el Armisticio.
París convierte una antigua estación en un gran museo: d’Orsay.
París cuenta con una Biblia en los vitrales de la Sainte Chapelle, gótica del siglo XIII, con más vidrieras que se llenan de luz y color que piedra en sus muros. Para mi esta iglesia, ahora museo, que fue el continente de las reliquias de la pasión de Cristo, la corona de espinas, es el corazón y el alma de la reina española Blanca de Castilla, esposa de Luís VIII, madre y regente de Luís IX, San Luís rey de Francia. Es España en el meollo de París.
           Y cierto, París es mucho París.

 

Dicen los Francos: ésta es mi hazaña (v 1508)
           Yo digo: hoy es la nuestra, la de las once andariegas.
           Miércoles, 6
          El recorrido-estreno en la ciudad es del Hotel Best Western Ópera Saint Lazare en la calle Constantinopla por la calle Monceau, museo Nissin de Camondo y la avenida Friedland con la estatua de Balzac hasta L’Etoile, al Arco del Triunfo. Hay un acto de homenaje al Soldado desconocido y está repleto de veteranos de guerra, de enfermeros y enfermeras, de miembros de la Cruz Roja con representación de la media Luna Roja, militares, bandas de música, todo un espectáculo. El regreso también lo hago andando por el bulevar Hausmann, la Cámara de Comercio, el parque Monceau y la iglesia de San Agustín.

 

  A la voz de Monjoia suenan las espadas guerreras (v 1378) Y nosotras salimos dispuestas a recorrer calles, a visitar iglesias.
            Jueves, 7
            De Saint Lazare, línea 12, voy a la Asamblea Nacional. Visito y disfruto en el museo d’Orsay, antigua estación de ferrocarril, con tantas joyas de escultura y pintura que me falta tiempo. Quisiera tener la gracilidad de la bailarina,
La Estrella, de Dégas, la elegancia de Mujer con sombrilla de Monet y el sentido festivo del Baile del molino La Galette de Rénoir.
            Un paseo me aproxima a la iglesia románica (S XII) de Saint Germain des Pres, en esta abadía estuvo en 1727 el Abate Prévost autor de Manon Lescaut. En la capilla de San Pedro y San Pablo hay una placa funeraria del parisino Boileau (1636-1711) autor de El Arte Poético que sigue las pautas de Aristóteles Poética y señala lo que concierne a las tres unidades literarias y normas para el neoclasicismo como nuestro Luzán en la Poética. La iglesia cuenta con diez y nueve capillas y tiene el campanario más antiguo de París.
            Después de comer en un restaurante muy lindo de art nouveau en la calle San Benito, Le petit Zinc, voy a la iglesia de San Sulpicio (S XVII), inmensa como una catedral, obra costeada por miles de personas anónimas y de la que escribió Bodelaire Lo maravilloso nos envuelve y empapa como la atmósfera aunque nosotros no lo percibamos. No puedo olvidar la magnífica impresión que me causó la amplia plaza en la que está situada la iglesia con una gran fuente y las estatuas de obispos y arzobispos.
Dejo el distrito VI pero para redondear la jornada me embarco y hago un delicioso paseo por el río Sena, no distingo la estatua de la Libertad cuya copia fue motivo del regalo  a Nueva York y que se ha convertido en el símbolo de aquella ciudad.
París está iluminado. Paso por debajo de todos los puentes, me quedo con el de Alejandro III, saludo a Santa Genoveva, y considero que a esas horas están soñando todos los personajes de las obras de arte de los museos que viven en las orillas del río.
Al paseo en barco sigue otro en minibús mientras la noche avanza para disfrutar del todo París monumental iluminado.

 

 Como al cuerno del Rey Carlos todos responden… (V 1789) Así nuestro grupo está dispuesto siempre para caminar y descubrir.
             Viernes, 8
             Hoy es día festivo, el Armisticio. Todo París descansa. Me espera en La Cité Notre Dame. Iglesia gótica (S XII)  Sus gárgolas inspiraron a Víctor Hugo la novela Nuestra Señora de París (1831) y me hace pensar en el jorobado Quasimodo prototipo romántico que une a la perfección deformación y bondad.
              Unos pasos y a La Sainte Chapelle prodigio de luz y color que vinculo, como escribí antes, a Blanca de Castilla y al lado el bosque de palmeras en piedra rubia del siglo XIV, La Conciergerie y a poca distancia la Torre de Saint Jacques que fue el punto de encuentro y salida para los peregrinos que iban a Santiago de Compostela.
              Por la tarde paseo hasta la Ópera que está cerrada, es obra de Garnier y en su interior se ambienta El Fantasma de la Ópera. De allí a la Madeleine, templo de aspecto clásico, edificio majestuoso, con las columnas de casi veinte metros de altura y las puertas de bronce decoradas con escenas del Antiguo Testamento. Y por la calle Real llego a la Plaza de la Concordia, solemne, grandiosa, con el Obelisco egipcio de Ramsés II, y con las vistas, quizá, más interesantes de toda Europa, hacia el Arco del Triunfo por los Campos Elíseos, hacia el Louvre por los Jardines de las Tulerías, por el puente de la Concordia al otro lado del Sena la Asamblea Nacional. Siempre me sorprenden agradabilísimamente estos espacios amplios, abiertos, llenos de belleza donde la mirada se pierde y mis sentimientos se desbordan como si fuera una diosa o una hada y tengo que cerrar los ojos y mirar para adentro intentando cogerlo todo y llevarlo conmigo.

 

Veillantif,  [era]  el corcel veloz de Roldán (V 1153) El nuestro es el metro chirriante sobre los raíles bajo tierra.
            Sábado, 9
           Objetivo el Museo del Louvre. Entro por la Pirámide y quisiera perderme por sus salas pero es imposible, los que van y vienen por los pasillos casi me llevan, los que están quietos, fijos en sus cuadros, encerrados en sus marcos  me soplan al oído donde tengo que ir. Y decido. Admiro a El Escriba en cuclillas, hace menos de un mes comtemplé en el Museo Arqueológico de El Cairo al Escriba sentado, robo en varias fotos a
La Gioconda, me identifico con La Victoria de Samotracia, despierta mi simpatía El Patizambo de Ribera, me gustaría estar invitada en el inmenso cuadro de Veronés Las Bodas de Caná,  quién pudiera traerse a Afrodita, Venus de Milo y en plan gracioso me sonrío con El Verano de Arcimboldo y desde el fondo del corazón me inspira toda la ternura El beso de Amor a Psique de Antonio Canova.
          Para reponer fuerzas vuelvo al restaurante Le petit Zinc y de nuevo me cuelgo simbólicamente del campanario de Saint Germain.
            Por la tarde el cielo llora, una suave lluvia se convierte en acompañante mientras subo por la zona de la bohemia al templo del Sagrado Corazón en el monte de los Mártires pero antes descubro la parroquia de San Padro, pura belleza, vinculada a la que fue Abadía Real de Montmartre, ligada al culto de San Dionisio. Santo Tomás Becquet, arzobispo de Canterbury, encontró en ese lugar refugio al tener que huir de Enrique II por no acceder a sus pretensiones. En 1534 San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y sus compañeros tomaron allí el compromiso de fundar la Compañía de Jesús y en el S XVIII durante un tiempo fue el Templo de la Diosa Razón. En diciembre de 1850 Merimée escribió en un informe La situación de la iglesia es deplorable…se cae a pedazos, y en 1897 gracias a Clemenceau se salva de ser derruida, a principios del S XX es rehecha y recientemente 1988/1989 es restaurada con el marco de espiritualidad y belleza actual. Me admiró ver allí un cuadro de El Descendimiento de Ribera.
           En la Basílica del Sagrado Corazón con el Santísimo expuesto continuamente rezo un rato y reflexiono sobre lo afortunada que soy de poder disfrutar de estos días en París.
          Y para que todo sea completo me subo al Montmartrain que recorre todo Pigalle desde el Molino Rojo a la plaza Du Tertre, desde Les Abbesses a la plaza Clichy.

 

Bravo es Roldán y sensato Oliveros (V 1093) Nuestro equipo combina valentía y esmero.
            Domingo, 10
           Hoy encamino mis pasos al Museo y jardines Rodin. Alberga sus obras y las de Camille.  El hotel Birón del siglo XVIII lo ocuparon Matisse, Cocteau y para sus clases de baile Isadora Duncan. Después, desde 1908, fue la casa de Rodin  con la condición de que legara su obra tras su muerte. Rodin dijo El arte no es más que sentimiento, y  escribió El punto fuerte es conmoverse, amar, esperar, gemir, vivir. Ser hombre antes que artista. Durante un tiempo el escritor Rainer María Rilke fue su secretario. ¿Qué selecciono de este museo? Del interior El beso, Afrodita y El sueño, del jardín El Pensador, Los burgueses de Calais y La puerta del infierno que me sitúa en
La Divina Comedia de Dante. Y tengo que nombrar también las esculturas de Balzac y de Victor Hugo por mi amor a la literatura.
           Cuando estoy en París y veo las esculturas de Rodin pienso en Vigeland y cuando estoy en Oslo y veo las de Vigeland, vuelo a París, y pienso en Rodin.
           Desde el jardín observo la cúpula dorada de Los Inválidos y hacia allí me dirijo. Fue un encargo de Luís XIV para acoger a los soldados lesionados, inválidos. En el centro está el mausoleo de Napoleón.
            Un paseo por el Campo de Marte me sitúa delante de la Torre Eiffel, interesante siempre ese combinado de hierro que se ha convertido en el símbolo de la capital pero la otra noche iluminada y con la luna llena a su lado, desde Trocadero, era un juego de luz, un castillo de fuegos artificiales especial, insuperable.
            Desde la Escuela Militar voy al Panteón y me quedo perpleja ante la preciosa torre de San Étienne en la calle Clovis, así como la iglesia del mismo nombre al otro lado de la calle, también estuvo dedicada a Santa Genoveva, patrona de París, en sus orígenes fue una abadía. Allí mismo otro enclave de lujo es la plaza que reúne el Panteón, la Facultad de Derecho y el Ayuntamiento. En el Panteón me detengo especialmente ante las tumbas de Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Emilio Zola. Ya señalé antes mi predilección por la literatura y lo confirmo con mi amor por los escritores.

 

 El cuerno del francés, el olifante, suena doliente (v 1702) Nuestra voz al unísono canta triunfante.
             Lunes, 11
            De nuevo el cielo está cubierto, caen algunas lágrimas, tal vez porque hoy es la despedida. Me encamino hacia el norte, a la basílica de Saint Denis emplazada sobre un cementerio galo-romano. Es el monumento ligado a la monarquía, antigua abadía restaurada en el siglo XIX y catedral desde 1966. Denis fue el primer obispo de París. La cripta de tradición romana tiene nueve altares y once en el coro rodeado de doce columnas que representan los doce apóstoles. El deseo de San Luís convierte la iglesia en un mausoleo para las tumbas de sus antecesores. Bajo la dirección de Sugerius, Sugeur, se construyó la parte superior, y a él debemos los principios de la arquitectura gótica. En su conjunto es una obra maestra deslumbrante que consigue asentar el arte gótico a mitad del siglo XIII. Las vidrieras valiosísimas por su gran simbolismo influyeron en los vitrales posteriores. Alberga más de setenta tumbas, colección única en Europa. El primero enterrado fue Pepino el Breve (S VIII) y tienen gran majestuosidad las de Francisco I, Catalina de Médicis, Luís XVI y María Antonieta.
             Esta visita es la experiencia del paso del tiempo que acaba con todo, con ricos y pobres, con reyes y vasallos. Aunque a algunos su fama les trasciende.  Darpe diem.
            Me voy a la Ópera y tengo suerte, hoy puedo visitarla. Imagino un cisne que danza hasta morir con los acordes de El lago de los cisnes de Tchaikovsky pero como la fantasía no tiene límites quiero atribuírselo a Debussy. Atrevimiento y osadía por mi parte.
            El avión de regreso se retrasa ¿París quiere retenerme? Salir más tarde me permite disfrutar de la puesta de sol desde las nubes.

 

Carlomagno dice: Qué penosa es mi vida, llora y mesa la barba encanecida. Aquí la gesta de Turoldo termina (v 4002) Yo, Nieves, digo: Qué bonita es la vida y sonrío y me alegro y escribo el punto final. Hasta otro día.

  

                                                         Nieves Fenoy Gil

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