“Como la amistad
de Roldán y Oliveros es nuestro vínculo,
las once andariegas por estos
senderos.”
Roldán llamó a
su tierra dulce Francia (verso 1985)
Y en el v 1695
dice Roldán: Francia dulce y bella. Estos versos están entresacados
de La Canción de Roldán.
El poema épico francés hay que situarlo en torno al siglo XI.
Yo, hoy, siglo
XXI, llamo a Francia dulce y bella y a París su corazón palpitante.
París es arte, es vida, es luz, es color. En avión,
en barco, en metro, andando, París siempre es la hermosa. El Sena se
columpia entre la belleza de sus edificios y el verde radiante de sus
jardines y bosques.
París se llena de luz entre el cielo y la tierra.
París se viste de gala con miles de banderas el 8 de
mayo, el Armisticio.
París convierte una antigua estación en un gran
museo: d’Orsay.
París cuenta con una Biblia en los vitrales de la
Sainte Chapelle, gótica del siglo XIII, con más vidrieras que se llenan de
luz y color que piedra en sus muros. Para mi esta iglesia, ahora museo,
que fue el continente de las reliquias de la pasión de Cristo, la corona
de espinas, es el corazón y el alma de la reina española Blanca de
Castilla, esposa de Luís VIII, madre y regente de Luís IX, San Luís rey de
Francia. Es España en el meollo de París.
Y cierto, París es mucho París.
Dicen los Francos: ésta es mi hazaña
(v 1508)
Yo digo: hoy es la nuestra, la de las once
andariegas.
Miércoles, 6
El recorrido-estreno en la ciudad es del Hotel Best
Western Ópera Saint Lazare en la calle Constantinopla por la calle Monceau,
museo Nissin de Camondo y la avenida Friedland con la estatua de Balzac
hasta L’Etoile, al Arco del Triunfo. Hay un acto de homenaje al Soldado
desconocido y está repleto de veteranos de guerra, de enfermeros y
enfermeras, de miembros de la Cruz Roja con representación de la media
Luna Roja, militares, bandas de música, todo un espectáculo. El regreso
también lo hago andando por el bulevar Hausmann, la Cámara de Comercio, el
parque Monceau y la iglesia de San Agustín.
A la voz de Monjoia suenan las espadas guerreras
(v 1378) Y nosotras salimos dispuestas a recorrer calles, a visitar
iglesias.
Jueves, 7
De Saint Lazare, línea 12, voy a la Asamblea
Nacional. Visito y disfruto en el museo d’Orsay,
antigua estación de
ferrocarril, con tantas joyas de escultura y pintura que me falta tiempo.
Quisiera tener la gracilidad de la bailarina,
La Estrella, de Dégas,
la elegancia de Mujer con sombrilla de Monet y el sentido festivo
del Baile del molino La Galette
de Rénoir.
Un paseo me aproxima a la iglesia románica (S XII) de
Saint Germain des Pres, en esta abadía estuvo en 1727 el Abate Prévost
autor de Manon Lescaut. En la capilla de San Pedro y San Pablo hay
una placa funeraria del parisino Boileau (1636-1711) autor de El Arte
Poético que sigue las pautas de Aristóteles Poética y señala lo
que concierne a las tres unidades literarias y normas para el
neoclasicismo como nuestro Luzán en la Poética. La iglesia cuenta
con diez y nueve capillas y tiene el campanario más antiguo de París.
Después de comer en un restaurante muy lindo de
art nouveau en la calle San Benito, Le petit Zinc, voy a la
iglesia de San Sulpicio (S XVII), inmensa como una catedral, obra costeada
por miles de personas anónimas y de la que escribió Bodelaire Lo
maravilloso nos envuelve y empapa como la atmósfera aunque nosotros no lo
percibamos. No puedo olvidar la magnífica impresión que me causó la
amplia plaza en la que está situada la iglesia con una gran fuente y las
estatuas de obispos y arzobispos.
Dejo el distrito VI pero para redondear la jornada me
embarco y hago un delicioso paseo por el río Sena, no distingo la estatua
de la Libertad cuya copia fue motivo del regalo a Nueva York y que se ha
convertido en el símbolo de aquella ciudad.
París está iluminado. Paso por debajo de todos los
puentes, me quedo con el de Alejandro III, saludo a Santa Genoveva, y
considero que a esas horas están soñando todos los personajes de las obras
de arte de los museos que viven en las orillas del río.
Al paseo en barco sigue otro en minibús mientras la
noche avanza para disfrutar del todo París monumental iluminado.
Como al cuerno del Rey Carlos todos responden…
(V 1789) Así nuestro grupo está dispuesto siempre para caminar y
descubrir.
Viernes, 8
Hoy es día festivo, el Armisticio. Todo París
descansa. Me espera en La Cité Notre Dame. Iglesia gótica (S XII) Sus
gárgolas inspiraron a Víctor Hugo la novela Nuestra Señora de París
(1831) y me hace pensar en el jorobado Quasimodo prototipo
romántico que une a la perfección deformación y bondad.
Unos pasos y a La Sainte Chapelle prodigio de luz y
color que vinculo, como escribí antes, a Blanca de Castilla y al lado el
bosque de palmeras en piedra rubia del siglo XIV, La Conciergerie y a poca
distancia la Torre de Saint Jacques que fue el punto de encuentro y salida
para los peregrinos que iban a Santiago de Compostela.
Por la tarde paseo hasta la Ópera que está cerrada,
es obra de Garnier y en su interior se ambienta El Fantasma de la Ópera.
De allí a la Madeleine, templo de aspecto clásico, edificio majestuoso,
con las columnas de casi veinte metros de altura y las puertas de bronce
decoradas con escenas del Antiguo Testamento. Y por la calle Real llego a
la Plaza de la Concordia, solemne, grandiosa, con el Obelisco egipcio de
Ramsés II, y con las vistas, quizá, más interesantes de toda Europa, hacia
el Arco del Triunfo por los Campos Elíseos, hacia el Louvre por los
Jardines de las Tulerías, por el puente de la Concordia al otro lado del
Sena la Asamblea Nacional. Siempre me sorprenden agradabilísimamente estos
espacios amplios, abiertos, llenos de belleza donde la mirada se pierde y
mis sentimientos se desbordan como si fuera una diosa o una hada y tengo
que cerrar los ojos y mirar para adentro intentando cogerlo todo y
llevarlo conmigo.
Veillantif, [era] el
corcel veloz de Roldán (V 1153) El nuestro es el metro chirriante
sobre los raíles bajo tierra.
Sábado, 9
Objetivo el Museo del Louvre. Entro por la Pirámide y
quisiera perderme por sus salas pero
es imposible, los que van y vienen
por los pasillos casi me llevan, los que están quietos, fijos en sus
cuadros, encerrados en sus marcos me soplan al oído donde tengo que ir. Y
decido. Admiro a El Escriba en cuclillas, hace menos de un mes comtemplé en el Museo Arqueológico de El Cairo al Escriba sentado,
robo en varias fotos a La Gioconda,
me identifico con La Victoria de Samotracia,
despierta mi simpatía El Patizambo de Ribera, me gustaría estar
invitada en el inmenso cuadro de Veronés Las Bodas de Caná, quién
pudiera traerse a Afrodita, Venus de Milo y en plan gracioso me
sonrío con El Verano de Arcimboldo y desde el fondo del corazón me
inspira toda la ternura El beso de Amor a Psique de Antonio
Canova.
Para reponer fuerzas vuelvo al restaurante Le
petit Zinc y de nuevo me cuelgo simbólicamente del campanario de Saint
Germain.
Por la tarde el cielo llora, una suave lluvia se
convierte en acompañante mientras subo por la zona de la bohemia al templo
del Sagrado Corazón en el monte de los Mártires pero antes descubro la
parroquia de San Padro, pura belleza, vinculada a la que fue Abadía Real
de Montmartre, ligada al culto de San Dionisio. Santo Tomás Becquet,
arzobispo de Canterbury, encontró en ese lugar refugio al tener que huir
de Enrique II por no acceder a sus pretensiones. En 1534 San Ignacio de
Loyola, San Francisco Javier y sus compañeros tomaron allí el compromiso
de fundar la Compañía de Jesús y en el S XVIII durante un tiempo fue el
Templo de la Diosa Razón. En diciembre de 1850 Merimée escribió en un
informe La situación de la iglesia es deplorable…se cae a pedazos,
y en 1897 gracias a Clemenceau se salva de ser derruida, a principios del
S XX es rehecha y recientemente 1988/1989 es restaurada con el marco de
espiritualidad y belleza actual. Me admiró ver allí un cuadro de El
Descendimiento de Ribera.
En la Basílica del Sagrado Corazón con el Santísimo
expuesto continuamente rezo un rato y reflexiono sobre lo afortunada que
soy de poder disfrutar de estos días en París.
Y para que todo sea completo me subo al
Montmartrain que recorre todo Pigalle desde el Molino Rojo a la plaza
Du Tertre, desde Les Abbesses a la plaza Clichy.
Bravo es Roldán y sensato Oliveros
(V 1093) Nuestro equipo combina valentía y esmero.
Domingo, 10
Hoy encamino mis pasos al Museo y jardines Rodin.
Alberga sus obras y las de Camille. El hotel Birón del siglo XVIII lo
ocuparon Matisse, Cocteau y para sus clases de baile Isadora Duncan.
Después, desde 1908, fue la casa de Rodin con la condición de que legara
su obra tras su muerte. Rodin dijo El arte no es más que sentimiento,
y escribió El punto fuerte es conmoverse, amar, esperar,
gemir, vivir. Ser hombre antes que artista. Durante un tiempo el escritor
Rainer María Rilke fue su secretario. ¿Qué selecciono de este museo? Del
interior El beso, Afrodita y El sueño, del jardín
El Pensador, Los burgueses de Calais y La puerta del
infierno que me sitúa en La Divina Comedia de Dante. Y tengo que nombrar también las esculturas de
Balzac y de Victor Hugo por mi amor a la literatura.
Cuando estoy en París y veo las esculturas de Rodin
pienso en Vigeland y cuando estoy en Oslo y veo las de Vigeland, vuelo a
París, y pienso en Rodin.
Desde el jardín observo la cúpula dorada de Los
Inválidos y hacia allí me dirijo. Fue un encargo de Luís XIV para acoger a
los soldados lesionados, inválidos. En el centro está el mausoleo de
Napoleón.
Un paseo por el Campo de Marte me sitúa delante de la
Torre Eiffel, interesante siempre ese combinado de hierro que se ha
convertido en el símbolo de la capital pero la otra noche iluminada y con
la luna llena a su lado, desde Trocadero, era un juego de luz, un castillo
de fuegos artificiales especial, insuperable.
Desde la Escuela Militar voy al Panteón y me quedo
perpleja ante la preciosa torre de San Étienne en la calle Clovis, así
como la iglesia del mismo nombre al otro lado de la calle, también estuvo
dedicada a Santa Genoveva, patrona de París, en sus orígenes fue una
abadía. Allí mismo otro enclave de lujo es la plaza que reúne el Panteón,
la Facultad de Derecho y el Ayuntamiento. En el Panteón me detengo
especialmente ante las tumbas de Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Emilio
Zola. Ya señalé antes mi predilección por la literatura y lo confirmo con
mi amor por los escritores.
El cuerno del francés, el olifante, suena doliente
(v 1702) Nuestra voz al unísono canta triunfante.
Lunes, 11
De nuevo el cielo está cubierto, caen algunas
lágrimas, tal vez porque hoy es la despedida. Me encamino hacia el norte,
a la basílica de Saint Denis emplazada sobre un cementerio galo-romano. Es
el monumento ligado a la monarquía, antigua abadía restaurada en el siglo
XIX y catedral desde 1966. Denis fue el primer obispo de París. La cripta
de tradición romana tiene nueve altares y once en el coro rodeado de doce
columnas que representan los doce apóstoles. El deseo de San Luís
convierte la iglesia en un mausoleo para las tumbas de sus antecesores.
Bajo la dirección de Sugerius, Sugeur, se construyó la parte superior, y a
él debemos los principios de la arquitectura gótica. En su conjunto es una
obra maestra deslumbrante que consigue asentar el arte gótico a mitad del
siglo XIII. Las vidrieras valiosísimas por su gran simbolismo influyeron
en los vitrales posteriores. Alberga más de setenta tumbas, colección
única en Europa. El primero enterrado fue Pepino el Breve (S VIII) y
tienen gran majestuosidad las de Francisco I, Catalina de Médicis, Luís
XVI y María Antonieta.
Esta visita es la experiencia del paso del tiempo que
acaba con todo, con ricos y pobres, con reyes y vasallos. Aunque a algunos
su fama les trasciende. Darpe diem.
Me voy a la Ópera y tengo suerte, hoy puedo
visitarla. Imagino un cisne que danza hasta morir con los acordes de El
lago de los cisnes de Tchaikovsky pero como la fantasía no tiene
límites quiero atribuírselo a Debussy. Atrevimiento y osadía por mi parte.
El avión de regreso se retrasa ¿París quiere
retenerme? Salir más tarde me permite disfrutar de la puesta de sol desde
las nubes.
Carlomagno dice: Qué penosa es mi vida, llora y mesa
la barba encanecida. Aquí la gesta de Turoldo termina
(v 4002) Yo, Nieves, digo: Qué bonita es la vida y sonrío y me alegro y
escribo el punto final. Hasta otro día.
Nieves Fenoy Gil