LA AUTORIDAD DEL
PROFESOR
El Colegio
Profesional de la Educación de Madrid apoya el considerar al profesorado
AUTORIDAD PÚBLICA y pide que se extienda también a la enseñanza privada.
El
profesor es autoridad, si mucho antes que autoridad es profesor, como lo
es la mayoría. ¿Y qué es ser profesor, la cualidad que le confiere
autoridad? Ser profesor es ser consciente de que su labor de enseñar
objetivos concretos de aprendizaje significa un instrumento subsidiario de
su labor fundamental, que es facilitar el crecimiento de niños,
adolescentes y jóvenes para lograr su integración como ciudadanos
autónomos, que asuman y vivan los valores de una sociedad democrática y
libre.
¿Es
bueno que se les confiera funciones de autoridad? Evidentemente sí, como
es bueno que los facultativos de la salud tengan capacidad y autoridad
para actuar en situaciones anormales en las que, si no actúan así, peligra
la salud y aún la vida de los propios ciudadanos y, lo que es más grave,
la de otros ciudadanos, en principio, sanos.
Al
conferirles autoridad se atiende a una cuestión fundamental, que es la
necesidad de actuar sistémicamente en la educación, resultado de la
conciencia social de que es imposible educar desde los compartimentos
estancos en los que se consolidan, a veces, familia, centros, profesorado,
medios, administración,… “Todo” y todos tenemos que comprometernos en la
educación. La administración madrileña ha dado un paso en este sentido,
¡bienvenido sea!
Pero si
es un paso aislado; si las familias --algunas familias-- siguen anulando
esa autoridad, ahora conferida, con la defensa irracional de
comportamientos asociales de sus hijos; si los medios –algunos
medios—mantienen mensajes destructores de la integridad de las escalas
obvias de bienes y valores positivos, como especialmente se da en
Televisión; si nuestra clase política normaliza comportamientos agresivos
y faltas constantes contra el bien común; si el profesorado –aunque sea en
mínima proporción-- se apoya en exceso en la autoridad otorgada desde su
exterior sin cultivar la autoridad que emana de la excelencia en el
trabajo y compromiso en su labor educativa; si…
Cuando
un alumno, niño, adolescente, recibe mensajes contradictorios poco a poco
se impermeabiliza y tiende, como es lógico, a tomar caminos espontáneos lo
mas fáciles posible, difíciles de integrar disciplina, esfuerzo y trabajo.
Sería muy bueno que, ante el paso dado por la Administración Educativa de
la Comunidad de Madrid, todo el resto de sectores, además de palabras,
tuviéramos actitudes y acciones convergentes para lograr espacios de
enseñanza donde el incremento de calidad fuera posible.
¿Y la
“autoridad” sólo en la Enseñanza Pública? No nos parece bien, ni medio
bien. La cualidad de funcionario facilita a la Administración lo que ha
planteado, pero, porque las cosas sean difíciles de lograr, si son buenas,
no se pueden desechar. El profesorado de los Centros Privados no es ni
mejor ni peor que el de los Centros Públicos; sus problemas en este
aspecto del orden y disciplina son los mismos y, en algunos sectores, más
significativos. Salvando las cuestiones burocráticas
administrativo-legales, que con voluntad se salvan, todo es posible. ¿Son
mejores unos centros que otros?, ¿son mejores unos profesores que otros?,
¿son mejores unos alumnos que otros? Creemos que no, que todos tomados en
bloque, son iguales, que la distinción público-privado no puede significar
discriminación en ningún aspecto y menos en éste de apoyo a la autoridad
del profesorado.
En
cualquier caso aplaudimos el paso dado y pedimos que se consolide y
extienda.
Madrid, 17 de
septiembre de 2009